Reinventar las granjas de GPU tras la muerte de Ethereum
El día que se apagaron las granjas de Ethereum
El 15 de septiembre de 2022, Ethereum dejó de minarse. La red pasó de prueba de trabajo a prueba de participación en un evento que se llamó la Fusión, y con él desapareció de golpe la pregunta que miles de personas en España se hacían al montar un equipo: se puede minar ethereum. La respuesta corta es que no, al menos no en la cadena principal. A partir de ese bloque, la seguridad la sostienen validadores que bloquean 32 ETH, no tarjetas gráficas quemando electricidad.
Lo que mucha gente no previó fue el efecto dominó en el mercado de segunda mano. En cuestión de semanas, Wallapop y Milanuncios se llenaron de rigs con seis y ocho GPU, muchos montados en polígonos industriales de Toledo, Castellón o el cinturón de Barcelona. Se vendían a precios de saldo porque sus dueños habían calculado la rentabilidad con el precio de la luz de 2021 y con un ETH que valía bastante más.
Hoy ese mercado sigue vivo, pero con otra lógica. Las GPU se han reciclado hacia inteligencia artificial, renderizado y granjas de otras redes. Si alguien te vende un equipo diciendo que va a minar Ethereum, el problema no es el precio: el problema es que esa cadena ya no acepta ese trabajo.
Qué queda del pool y de la minería tras la Fusión
Los grandes pools de Ethereum, como Ethermine o Flexpool, no cerraron. Se reconvirtieron. Algunos redirigieron su capacidad a Ethereum Classic y a otras redes de prueba de trabajo, y otros montaron servicios de staking para que pequeños holders pudieran juntar sus 32 ETH. Es decir, el mismo operador que antes repartía recompensas por hash ahora reparte rendimientos por validación.
Esta es la distinción que más confunde: hacer staking en un pool no es minar. No compras hardware, no pagas factura de luz y no compites por encontrar bloques. Depósitas ETH y asumes el riesgo de que el operador gestione mal sus validadores o sufra un recorte por comportamiento negligente. La rentabilidad típica ronda el 3 % anual, aunque varía con la cantidad total de ETH en stake y con las propinas de los bloques.
El detalle técnico que casi nadie mira
Cuando alguien revisa su saldo en el explorador, ve cantidades en wei y en ETH, y a veces confunde unidades. Un wei es la fracción más pequeña del ether: harían falta un quintillón para un ETH. Esa diferencia importa cuando comparas comisiones, porque un swap pequeño puede costar más en gas que el propio valor intercambiado. Un cambio de 0,00001 BTC a USD, por ejemplo, no tiene sentido hacerse con una comisión fija alta, y algo parecido ocurre con los microajustes de ETH en la red.
Si ya tienes las GPU: alternativas reales en España
Con el equipo en casa, las opciones sensatas pasan por redes de prueba de trabajo que aún aceptan gráficas. Ethereum Classic mantiene su modelo original y tiene pools estables, aunque su liquidez y su valor son mucho menores. También existen proyectos como Kaspa, que usa un algoritmo distinto y se mina con ASIC, no con tarjetas, así que no sirve para reciclar un rig antiguo.
Antes de enchufar nada, haz números con la tarifa eléctrica real. Con el PVPC medio de los últimos meses, un rig de 800 W encendido 24 horas consume unos 19 kWh al día: a 0,15 €/kWh son casi 3 € diarios, más de 1.000 € al año solo en luz. Si la rentabilidad bruta de la red elegida no supera esa cifra con holgura, estás pagando por mantener la máquina caliente. Un truco habitual entre mineros españoles es concentrar la actividad en las horas valle nocturnas, cuando la electricidad baja de precio.
Impuestos y errores frecuentes del minero reconvertido
La normativa española no distingue entre minar y stakear a efectos fiscales: ambas actividades generan rendimientos que hay que declarar. La mina se considera actividad económica cuando hay organización de medios, y eso implica darse de alta en el censo, emitir facturas si corresponde y llevar contabilidad. El staking, en cambio, suele tributar como rendimiento del capital mobiliario, aunque la casuística no está cerrada y conviene revisarla con un asesor.
El error más caro que se ve estos años es arrastrar pérdidas sin documentarlas. Si compraste GPU a precios de 2021 y las vendiste a la mitad en 2023, esa pérdida patrimonial debe quedar registrada con fecha, importe y justificante, porque compensa ganancias de otras operaciones. Quien cambió sus recompensas de ETH a USDC en el momento álgido y no anotó el valor en euros se encuentra ahora con un quebradero de cabeza difícil de resolver.
Y un aviso para quien llega nuevo: desconfía de cualquier curso o herramienta que prometa rentabilidades fijas con nombres llamativos. La minería dejó de ser una inversión pasiva cuando Ethereum cambió de modelo. Lo que queda es un negocio de márgenes ajustados, con hardware que se amortiza o no según el precio de la luz y el momento del mercado. Si el equipo ya está pagado, quizá lo más rentable sea venderlo a alguien que lo use para entrenar modelos, no para buscar bloques.